"De Justicia"
Me siento impotente ante la barbarie del linchamiento al que está siendo sometido Baltasar Garzón, un juez cuyo único “delito” ha sido el de dar respuesta a la demanda de miles de ciudadanos que exigimos, no sólo justicia, sino saber. Saber qué ha pasado con nuestros familiares, dónde están sus huesos, darle una sepultura digna y reparar su memoria.
Resulta dantesco que sean los verdugos de entonces los que ahora inician una nueva persecución sin miramiento ninguno, sin escrúpulos y con más rabia aún si cabe. Es una nueva afrenta, no sólo al Juez Garzón sino a todos nosotros que volvemos a ser humillados.
Todos los afectados por la Guerra Civil y sobretodo en la postguerra tuvimos la abnegación de callar por el bien común, con la esperanza de que la vida que ofrecieron nuestros familiares, con tanta generosidad, pudiera servir para algo.
Hemos asistido al circo mediático en el que los descendientes del dictador aparecían envueltos de glamour sin una gota de pudor ni vergüenza.
La sociedad española del siglo XXI está en deuda con los que murieron, con los que sufrieron el acoso por defender las libertades y las ideas. Estamos en deuda con las miles de mujeres que sin ayuda de ningún tipo fueron capaces de luchar hasta la extenuación para sacar a flote a sus hijos, nuestros padres en muchos casos.
No podemos callar más. Tenemos que salir todos a la calle y exigir, de una vez por todas, que se reconozca el daño que fueron capaces de hacer unos seres humanos a otros, algunas veces hasta de su propia familia.
No podemos, ni queremos consentir que, una vez más, caigan en el olvido tantas vidas destrozadas. Exigimos conocer sus nombres, exigimos saber dónde están. Exigimos ser nosotros quienes los depositemos rodeados de gloria, respeto y, lo más importante, amor al lugar en el que se merecen estar.Nos asiste la justicia.
Hemos tenido la capacidad de esperar a que una ley nos respaldara para poder reclamar lo que por derecho nos correspondía.
Debemos pensar que cuando luchamos por la dignidad del Juez Garzón, por su integridad moral, también luchamos por la nuestra. No debemos ni queremos quedarnos impasibles.
En definitiva todos somos Garzón.
Lola Garzón
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