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El hábito no hace al monje




Esta mañana, como siempre, lo primero que hice fue echarle un vistazo a la Prensa. Hice lo que creo hacemos cualquiera de nosotros, fui mirando titulares para más tarde seleccionar los artículos de interés.

Pero hoy algo llamó poderosamente mi atención como para saltarme la rutina diaria; “Ordenanzas municipales”.


He de confesar que antes de sentarme delante del teclado he ido a desayunar, he fumado un cigarrito, he dado vueltas y he “rumiado” una respuesta que, de haber sido inmediata, seguramente hubiera tomado otros derroteros.

Lo que sí tenía muy claro es que este artículo necesitaba una contestación inmediata.

No tengo el placer de conocer a D. Eugenio S. Palomares, ni sé si tiene hijas, ni tan siquiera sé si tiene esposa, novia, amante o compañera. Pero de lo que sí estoy segura es de que madre sí tiene o ha tenido. Y es por esto que no acierto a comprender como se puede llegar a hacer este tipo de razonamiento, a mi entender, tan falto de sensibilidad.

Y una cosa lleva a la otra y hace que me pregunte ¿ se puede ver la prostitución como una estrategia de marketing?. Desde la coherencia se puede ver la prostitución como sinónimo de libertad?

Bajo mi punto de vista la libertad sexual es eso, practicar el el sexo sin cadenas, sin ataduras y desde luego sin moralinas. Yo sabré si lo quiero o no con amor.

No deja de asombrarme el hecho de que alguien en pleno siglo XXI aún piense que las mujeres que se dedican a la prostitución lo hacen por placer y que verdaderamente son libres.

Me parece inmoral que verdaderas lacras sociales, como son la prostitución o el maltrato, se ninguneen.

Considero que estas Ordenanzas, lejos de ser causa de una “Vocación Pastoral” son el resultado de una actitud de responsabilidad y significa un “ALTO”, no pasar. No pasar por encima de la dignidad de las personas, no pasar por encima de las libertades, no permitir NUN CAMAS la opresión de un ser humano sobre otro.

Es hora de que todos luchemos para que el sexo sea eso un placer, libre y consentido, donde, como y con quien queramos. Pero que JAMÁS sea un OFICIO. Lola Garzón

 

 

 

1 comentario

Inma Oñós -

Ante todo darte la más sincera enhorabuena por el artículo que has escrito y sobre todo por encontrar personas como tú, que piensan de esta manera que considera la prostitución como una manifestación de explotación sexual.

DEBEMOS:
- Defender que la sexualidad debe producirse en un plano de libertad, igualdad y mutua correspondencia, libre de jerarquías, dominación y mercantilización.

- Denunciar la prostitución como una modalidad de explotación sexual de las personas prostituidas, en su práctica totalidad mujeres, y que contribuye a perpetuar y a que se acepte socialmente la violencia de género.

- Rechazar que la educación sexual de muchos se base en la pornografía, industria donde se reproducen los mismos esquemas de violencia sexual que en la prostitución.

- El "cliente", el prostituidor es el principal responsable de la misma porque con su compra permite que haya mujeres que se puedan vender y contribuye a generar relaciones sexuales de dominación.
- El modelo holandés de legalización de la prostitución no ha contribuido a l a desaparición de la misma si no a su aumento. Porque cuando se quiere hacer desaparecer algo SE LO COMBATE, NO SE LEGALIZA. El ejemplo de Suecia donde hace 4 años que se aplica el modelo abolicionista, la prostitución y el tráfico de mujeres han descendido vertiginosamente.

Considerar que afirmaciones del tipo "sin la prostitución habría más violaciones", "es la profesión más antigua del mundo", "es la única manera de tener relaciones sexuales para muchas personas" .......
Son argumentos que solo pretenden justificar la relación de poder que supone la prostitución y simplemente buscan defender los derechos de los explotadores sexuales.

Rechazar las acusaciones de "moralismo" y "conservadurismo" con que se ataca a la postura abolicionista desde diversas posiciones.
Todos tenemos una moral, pero nuestro abolicionismo parte de un análisis feminista y del deseo de acabar con la violencia sexual.
Por otra parte, estas posiciones no tienen nada que ver con el prohibicionismo, no se pretende penalizar a la prostituta u obligarla a abandonarla.
Los abolicionistas pretenden aplicar programas sociales de ayuda, alternativas y reinserción laboral para aquellas que voluntariamente quieran cambiar su situación.



Los únicos que merecen castigo son los traficantes de mujeres (que comercian con las mujeres como mercancías sexuales), los proxenetas (que sacan provecho de la explotación sexual) y en última instancia los “clientes” por la utilización y “cosificación” del cuerpo de la mujer.
No hay delito en la venta del cuerpo por parte de las prostitutas, pero sí en la compra de las mujeres y de la consideración que de esa compra se deduce de la mujer como mera mercancía al servicio de los deseos del hombre, y sujetas a la relación de poder que surge a partir de la relación comercial y de quien paga.

Por ello, hay que oponerse a la regulación legal de la prostitución, por suponer una legitimación y normalización de esta forma de violencia sexual, y una equiparación de la mujer con mera mercancía..

Me reitero, ENHORABUENA LOLA por tu narrativa.